viernes, 17 de noviembre de 2017

Imsonnio


El muelle, el húmedo muelle. La rampla está puesta, sin embargo no es una invitación para abordar. 
Embarcaciones acoderadas, el suelo con su ocre brillo. Barcos llevando tablones de madera unos, otros esperando pasajeros. Entro y llego a una nave. Pronto zarpa pasando tan cerca de las otras en la maniobra.
El aroma del rio  me recuerda otros viajes. El más distante, en compañía de mi madre, cruzándolo para llegar a la estación del tren. En esta ocasión el viaje es diferente. Vamos a tomar la gran corriente. 
La nave aún en calma, me distraigo viendo los detalles de maderos, de hierros, no tanto a las gentes; al recordarlo no sabría bien por qué. 
De pronto la gran corriente, la veo, nos aproximamos. Diviso en ella embarcaciones ya estabilizadas que navegan sin dificultad. Y en un momento el barco se estremece brutalmente. La hemos alcanzado, tratamos de entrar en ella. Por un instante me parece imposible lograrlo, que no aguantaremos, que la nave zozobrará. Pero inmediatamente pienso que esas otras naves que veo no tan lejos lo han logrado, que es cuestión de resistir y tomarla bien. Aunque  puede ser un engaño, Que no necesariamente será nuestro designio. 
En cualquier caso está todo jugado, no hay cómo ir hacia ningún otro lugar del que estoy, solo queda tener el ánimo dispuesto para lo que venga.
Pero en un instante, tal cual llegó esa brutal marea que chocó contra nosotros o nosotros contra ella, estamos en ella y nos hemos estabilizado.
Ya no sentimos ninguna brusquedad, todo ha vuelto a estar en calma. La navegación puede continuar y lo que había sido verdadero suplicio terminó. 


sábado, 20 de mayo de 2017

Corridas de toros.


Hay un movimiento para impedir las corridas de toros.
No es mi afición, lo digo desde el inicio.
Pero tengo una clara idea de a dónde nos llevan los intentos de hacer dominante una forma de entender la vida y de idealizar aspectos de ella.
Empiezo afirmando que entre morir en un camal o en un ruedo, digo que lo heróico y hasta épico, es decir poético para mi, es lo segundo.
Con el detalle de que en el camal, ningún humano está en peligro real; en el ruedo el torero y sus ayudantes sin duda.
Pero lo sé: el siguiente paso sería también regular el sacrificio en los camales y claro, para los más convencidos activistas, eliminarlo.
Una vez eliminado y convertidos al vegetarianismo el próximo paso:
Si las plantas son los seres vivos más apacibles de la naturaleza, que jamás destruyen, salvo de modo extremadamente inusual, a otros seres vivos, es un acto criminal, perversamente abominable destruir a los seres más pacíficos.
Más bien habría que ser como ellas, como las plantas y alimentarse de sol, aire, minerales y oligoelementos. Es decir que finalmente es posible que mutaciones de por medio, llegaríamos por fin a la sociedad perfecta: la vegetal. Milenios y millones de años en el ínterin, ¡cuidado con ese espino, podría ser tu eonabuelo y nosotros ser en la actualidad un retorno, una degradación en el proceso!
Buen argumento para una historia.
Pero, en todo caso ciertamente que, al menos yo, no estoy para nada interesado.
No en vano nuestro triste tiempo fomenta los miedos: "fumar mata", "no hables con extraños", "es terrorista, es musulmán", etc.
Vivir mata. Nadie sale vivo de este mundo, gracias a Dios.
Imagínense a alguien eterno, qué suplicio.
Lean a Simone de Beauvoir en "Todos los hombres son mortales".
Imagínense por ejemplo a un Rafael Correa inmortal, si así no más es un desubicado. ¡Y Dios, pobre Anne!
Que la corrida de toros es un espectáculo "bárbaro", no deja de ser una interpretación. En mi caso, "bárbaro" es el espectáculo de personas embrutecidas con su celular mientras pierden la oportunidad de compartir con las que tienen cerca o de apreciar realmente lo que les rodea. Pero no los intentaré convencer de nada. Ya cada quien advertirá el efecto y las consecuencias de sus elecciones.


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